El amor con heridas | | Natalia Sánchez Diana

El amor con heridas

-¿Qué hizo que dejaras de amarla?

-Ya no quedaba pasión -dijo él, con sonrisa de luna -Y sin pasión… Había paz, pero estábamos vacíos en habitaciones destartaladas, solitarias. Ya ni siquiera me atrevía a tocarla.

Y mientras habla de aquel amor que había acabado, me doy cuenta de que es como si quisiera castrar su pasado, obviarlo hasta el punto de que no hubiera existido nunca. Porque mi mirada se tiñe de obscenidad, como si me adentrara en un terreno vedado que no me pertenece.

Y me siento una intrusa en un paraíso lleno de cerraduras y mirillas que me invitan a mirar de forma clandestina en su pasado.

-No me gusta hablar del pasado -dice, devolviéndome a la realidad.

-¿Por qué?

-Porque he sentido miedos que no son míos.

Trago saliva, invadida por un terrible nerviosismo.

-¿Sí?

-Miedos que yo antes no conocía. Miedos sobre las heridas de amor y el amor con heridas.

– ¿No es lo mismo? -pregunto, a sabiendas de que conozco  la respuesta.

-No… Las heridas de amor las sufrimos a lo largo del desarrollo del ecosistema afectivo de nuestra vida. Son en cierto modo, inevitables. El amor con heridas es de lo peor que te puede pasar. Es como… Si sólo conocieras el lado malo del amor. Un amor que duele, que lo convierte todo en algo feo, que te arrebata las palabras.

– ¿Y cómo se puede huir de ese amor?

– Esta ciudad es un buen lugar para empezar -Me sonríe.

Y comprendo que este amor va de ser esos que dejan grandes heridas.

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